SER PADRES LO QUE NO CUENTAN SOBRE LA MATERNIDAD

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Adoro a mis hijos más de lo que nunca hubiese imaginado y si alguien me pregunta os diré una y mil veces que no hay nada más maravilloso que ser padres. Pero también os tengo que decir que no es oro todo lo que reluce, por eso hoy de mujer a mujer os quiero contar todo lo que no nos cuentan sobre la maternidad.
Cuando una amiga se queda embarazada y me pregunta por mi embarazo, experiencia o me pide un consejo siempre le digo lo mismo: no hay que tener miedo del embarazo, de engordar, de las visitas médicas ni del parto porque lo realmente duro es lo que viene después. Y es justamente lo que nadie nos cuentan.




Durante el embarazo escuchamos mil historias, experiencias, opiniones, consejos… Digamos que no es el momento más adecuado porque ya tenemos bastante con todos los miedos que tenemos encima como para escuchar tantas tonterías.
Primera preocupación, no perder el bebé. Segunda, la primera visita al ginecólogo. Tercera, los resultados de las pruebas. Cuarta, te miras al espejo y pareces una bola. Quinta, comienzas a pensar en el parto y tus amigas y conocidas te cuentan todo lo malo que les sucedió durante las contracciones. Sexta, te enfrentas a las clases de preparación al parto, séptima, las mil opiniones sobre el nombre del bebé, como alimentarlo, dónde dar a luz….como veréis vamos una detrás de otra durante 40 semanas en las que se mezcla el miedo, la emoción, la ansiedad y la alegría.


Os cuento algo importantísimo, cuando vayáis a las clases de preparación al parto, tendréis la sensación de que la maternidad se reduce al parto y eso está muy lejos de la realidad. Nos cuentan como curar el ombligo del bebé, como agarrarlo para que no se escurra en la bañera y también nos dicen que te tomes con calma el momento en que empieces a notar las contracciones, algunas hasta te dicen que te tomes una pastilla y te relajes.
Bueno pues yo me tengo que reír bastante sobre todo esto, ¿por qué? porque siendo primeriza mi hijo nació a los 20 minutos de llegar al hospital. Cuando noté unas leves contracciones llamé a mi comadrona y me dijo justamente eso: “tómalo con calma que va para largo”.
Ya nos veis a mi marido y a mí haciendo los tontos, paseándonos por el comedor de casa porque yo notaba algo raro cada cierto tiempo y no me dolía, evidentemente como buena primeriza no tenía ni idea de lo que me estaba pasando. Pues os cuento que ¡eso eran contracciones de parto! y cuando me decidí a ir al hospital para quedarme tranquila ya estaba tan dilatada que creían que no llegaba a paritorio.

 



Por suerte todo salió bien, mi ginecólogo llegó corriendo y sin cambiarse de ropa ayudó a mi niño a nacer, por supuesto sin epidural porque ya no había tiempo. Remplazó a mi marido que más blanco que el bicarbonato ayudaba a la comadrona. En el momento de coser, me acordé de las dichosas clases de preparación al parto y la puñetera frase de tranquila que eres primeriza y va para rato. En ese momento mi marido pidió un taburete para sentarse, era eso o montar el numerito y que me dejaran a mí ahí tirada para atenderlo a él.
Y digo yo ¿por qué nadie me contó lo que dolían los puntos?, ¿ni el miedo que después tenemos de hacer de vientre porque crees que se te pueden abrir los puntos?, ¿por qué no nos cuentan que aprietan el útero para que vuelva a su sitio?.


En el mismo instante en que nace el bebé comienza el calvario para muchas mujeres. No debéis sentiros mal si no os emocionáis y lloráis como locas cuando os ponen al bebé encima. No todas reaccionamos igual. Es un momento raro, algunas no sienten nada porque están en estado de shok.
Yo estaba emocionadísima pero me invadía un sentimiento y un miedo raro, porque mi niño se adelantó una semana y nunca imaginé que sería tan rápido. Una hora y media habían transcurrido entre la primera contracción y tenerlo en brazos en la habitación del hospital.
Pero aquí no acaba todo, digamos que aquí es donde comienza…

Llega la hora de darle de comer al bebé y si has decidido darle biberón, te lo traen y sin ningún tipo de ayudita te dices que te apañes. Miras al padre de la criatura y él te mira a ti y en ese momento sueltas eso de ¿y ahora qué hacemos?.
El momentazo llega con la primera caca del bebé. No penséis que alguien viene y nos ayuda, porque por muy doloridas que os encontréis, nosotras solitas con nuestros chicos nos tenemos que buscar la vida y os aseguro que es un verdadero espectáculo. La caca sale por todos los lados, no sabes como sujetar las piernas del bebé y de repente te das cuenta de que te faltan manos. Tu chico te trae las toallitas y le pides que le agarre las piernas, cosa que a veces hacen fatal y gastas mil toallitas para limpiar un culito más pequeño que la palma de la mano. Eso sí, todo termina pringado de mierda.
Esto no es más que el principio ya que transcurridas 48 horas, te dan el alta y con un bebé del tamaño de un nenuco te dicen que para casita y que te busques la vida. En ese momento se apodera de ti un miedo atroz, una inseguridad espantosa y un sudor frío que sientes como te recorre el cuerpo.



Llega el momento de meterlo todo en el coche, las 15 plantas que adornaban la habitación, los regalos, la bolsita del bebé y la nuestra y por supuesto el bebé. En colocarlo en el coche tardamos 20 minutos porque sobra sillita por todos lados, no sabes si tiene bien agarrada la cabecita, comprobamos 60 veces que esté bien atado..
En el trayecto a casa te vas haciendo un millón de preguntas: qué hago si tiene hipo, como detectar los cólicos, tendrá calor, tendrá frío, y que hago si llora, como sabré cuando le duele algo….mientras le repites mil veces a tu marido que vaya despacio para no asustar al bebé.

Llegas a casa y todo te molesta, te fijas en que tienes que limpiar, no tienes la comida lista y de repente…en pleno julio las abuelas se han empeñado en ponerle un jersey precioso de punto en manga larga y notas que el niño está rojo del calor que hace. Sales corriendo para cambiarlo de ropa y no sabes por donde pillarlo porque te da miedo hacerle daño y no sabes sacarle los brazos por el jersey. Y no lo entiendes porque con el muñeco de las clases de preparación al parto te salía todo super bien!!!
Ya os estaréis dando cuenta que no todo son síntomas, molestias, parto, ni cuanto engordamos en el embarazo. 


Acabamos de parir y nos sentimos extrañas, estamos débiles, muy cansadas y nuestra mente nos juega terribles pasadas.
Queremos hacerlo todo bien, queremos ser la mamá perfecta, no queremos ayuda porque nos sentimos con la obligación de hacerlo todo. En ese momento se apodera de nosotros un virus raro conocido como la mala mamá que no nos deja descansar ni un segundo. Y el único momento que podemos descansar, lo pasamos tocándole la barriga al bebé para ver si respira bien.
Si era estresante escuchar opiniones cuando estabas embarazada esto te resultará una verdadera pesadilla. Todos opinan, no dejan detalle ninguno, sobre como alimentarle, si debes sacarlo al sol…nosotras estamos agotadas por la falta de sueño y no puedes descansar ni un segundo porque en el momento en que llegas a casa se termina la intimidad. Llega un momento en que no sabes si estás en casa o concursando en Gran hermano.

Sentaros, poneros cómoda y listas para escuchar porque todo el mundo tendrá algo que opinar. ¿Si le das el biberón? que mala madre, no es capaz de sacrificar su cuerpo por alimentar a su hijo. ¿Le das pecho? es mucho sacrificio, nadie te puede ayudar. ¿Se duerme en brazos? eso no puede ser porque debe dormir en su cuna. ¿Lo coges? mejor déjalo en la cuna o el carro porque se acostumbran a los brazos. ¿Si llora y lo coges? muy mal porque es bueno que lloren, así se le abren los pulmones.

Nadie nos cuenta que no tendremos tiempo para ducharnos, que para hacer pipí tendremos que tener el cuco delante, que los ojos nos duelen de la falta de sueño porque llega un momento en que sientes que ya no tienes fuerzas, nadie nos habla del reflujo, de la falta de apetito sexual, de la pérdida de intimidad, nadie nos cuenta los nervios que se pasan cuando comienza a llorar en el coche y no puedes calmarlo, nadie nos prepara para el miedo que sentimos cuando le ponemos el termómetro y la fiebre no baja…
Y mucho cuidado con desesperarte y llorar porque entonces dirán que tienes depresión postparto!!!

Ahora os cuento lo bueno…todo pasa y esto es el resultado de ser mamá primeriza. Con mi hija, nada resultó igual porque la experiencia cuenta un papel importántisimo y todo se vive de otra manera.


Os repito que la maternidad es maravillosa, la mejor experiencia de mi vida. Mis niños son lo mejor y con una sonrisa, un abrazo o un besito lo compensan todo.
La vida nos cambia por completo, dejas de darle importancia a lo absurdo y cambian las prioridades. Nuestros hijos son el centro y por ellos lo modificamos todo, hasta nuestros pensamientos. Dejamos de vivir tranquilas porque todo nos preocupa y vivimos en una constante montaña rusa.
La maternidad es maravillosa pero también es muy dura. Necesitamos ayuda y es fundamental recibir la ayuda y colaboración del marido.

Y para unirme al club de las habladoras, aquí os dejo mi consejo que no es otro que el que me dio mi ginecólogo el día que salí del hospital con mi pequeño Alejandro en brazos hace ya 10 años y me volvió a repetir hace 5 años cuando nació mi Adriana.

“Disfruta de cada momento, confía en tu instinto y escucha a tu madre, ginecólogo y pediatra…ni una opinión más”


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